Oigo tintinear en mi mente el amor silente, amor callado que para mí tenía acordes musicales, que hizo crecer en mi corazón la Rosa Purpura que de él naciera. A su recuerdo se asoma en mis ojos una tímida lágrima, pues ellos nunca aprendieron a llorar por ella.
Sí, partió mi Madre sin despedidas, sin lágrimas en sus ojos, llevándose sus sueños en silencio como su amor. Me dejó un obsequio, la flor que habita en mi corazón.
Hoy la recuerdo, en el silencio de la noche, en el pasar de río en un bello amanecer, en el correr de la brisa, en el beso de mi hija, en el amor de mi mujer. Por siempre creeré en ella pues me permitio ver más allá de mis sentidos cuando me enseñó a querer.
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